Lección de escatología

by Karen H.

Qué manía de cagarse en todo tienen los españoles.

Voy en el bus, es jueves, ya quiero que se acabe la semana. Tengo frío afuera y calor aquí dentro y cero ganas de trabajar. Me olvidé el Kindle en casa y voy viendo a los pasajeros, es como ver la tele 3D. Se sube un sacerdote (apenas si alcanzo a vislumbrar el alzacuellos debajo de su pesado abrigo negro) y se sienta en diagonal a mi sitio, un lugar antes del fondo. Después de él se suben dos chavales que no pueden tener más de catorce años, aún se les quiebra la voz.

“Es que me cago en todo tío, putas ciencias sociales de mierda”

“Ya, y la jamba esa que no hace mas que pedir trabajos y más trabajos de los cojones, y luego el proyecto ese del viernes”

“Osssstia chaval es verdad, ¡mañana es viernes! ¿Qué vamos a entregar o que? ¡Me cago en Dios! Es que me cago en Dios tío, de verdad”

No puedo evitar voltear a ver al sacerdote. Cruza y descruza las manos en el regazo y mira por la ventana. No sé si los oye, no sé si le causa alguna impresión. Después de todo, en este país cagarse en Dios es cosa de todos los días. Dudo mucho que si Dios existe sea coprofílico, pero también dudo mucho que si eres todopoderoso te importe un pito lo que la gente diga de ti.

Pero volviendo a los españoles. Su jerga es bastante escatológica, en los dos sentidos de la palabra: excremental y de ultratumba. Nada les gusta más que esa palabra en su uso redondo, total. Nada les gusta más que cagarse en sus cosas, en la leche, en la mar, en la madre, en las putas, en lo abstracto y en lo concreto y para resumir en todo. Incluso los bien portaditos y modositos dicen variaciones como “me cachis” que quedan muy bien (ajá) y denotan que la persona no se rebaja a decir guarrerías.

En fin, es jueves y la juventud es muy profana, pero por lo menos está nevando.